“La sanidad española es la mejor o una de las mejores del mundo y sus profesionales, excelentes”, mantra reiteradamente repetido por políticos temerosos de contar, públicamente, otra cosa que el éxito de lo que no se atreven a gestionar.
El silogismo prosigue su lógica: si es la mejor sanidad y tenemos estos problemas y nada de ello es cosa nuestra, es porque faltan recursos. Chan chán, como el final del tango. Pues todos a pedir, desde el paciente, que lo quiere “todo por nada”, al profesional que quiere “más ($$) por menos (complicaciones o pacientes)”, o al político, que quiere “más (servicios) por menos (inversión $$)”.

Pero ¿cómo gestionar lo que es “inmejorable”?

Ante tal falta de auto crítica, sin salida nos vemos. Estos 10 años de crisis, por desgracia, no han servido para nada. No se ha cambiado ni un ápice el modelo inercial inflacionario por el que opera el SNS. Seguimos comportándonos y haciendo lo mismo que antes de ella. Como en la peor reacción personal ante una mala noticia un cáncer, nos resistimos a aceptar la realidad. Esa realidad de que no es una crisis de “c minúscula”, de esas que sirven para mejorar, sino que se trata de una Crisis de “C” mayúscula, de esas que suenan a difunto, a cambio de paradigma, que precisan de toda nuestra atención y esfuerzo, para adaptarnos a ella. ( Del libro La Sanidad Eludida )